“PACIENCIA”

La mujer más lista del mundo se pintaba siempre las uñas de azul.

Decrépita como estaba, vieja hasta más no poder, sacaba siempre un rato la tarde del domingo, para cortar cuidadosamente sus pellejudas cutículas, limar el filo de sus blandujas uñas y oler por un rato el pomo de esmalte.

Esperó a que secaran sus uñas y entonces temblando y sin temblar , levanta la vista de la desteñida camisa y mira por la ventana la acera del frente.

Parado junto al portón del jardín, con una sonrisa en su rostro y un elegante bombín gris, aquella tarde florida de abril, estaba el diablo.

Venía a buscarla, no cabía duda, así que se apresuró a poner el botón a la camisa de Alberto, la necesitaba para esa misma tarde, y al diablo, que esperó por ella 52 años, no le molestaría aguardar a que terminase su última labor de costura.

Mientras lo hacía, pensaba en el infierno, había olido de cerca el azufre demoníaco, sabía bien como era vivir con el demonio, no sentía miedo, solo estoicismo. No había infierno mayor el suyo, encerrada entre cadenas desde los 16 años, recibiendo golpes de ebrio, comiendo en el suelo, lavando pantalones,poniendo botones, sin ver la luz, más allá de la ventana, sin poder gritar, ni dormir, ni evitar ser mil veces violada. Pensó en las muchas veces que sus puños borraron el lápiz labial del cuello de esa misma camisa, y en esa vez que quiso escapar, costándole la cicatriz de su mejilla. Fue entonces cuando pensó en el fin de su tiempo en esta tierra, y sintió dos cosas que nunca había sentido, el alivio inmenso y la pena infinita por no haber tenido hijos.

La camisa quedó lista para la ocasión, Alberto estaría impecable en su funeral, fue hasta la cama y vistió con increíble devoción el frío cadáver de su marido, el narcótico no había hecho su efecto con rapidez, pero sí con eficacia, parecía dormir. Se asomó a la ventana y vio al diablo de pie, junto a su puerta de entrada, esta vez pudo ver los detalles de su sonrisa demoníaca, llevaba en sus manos una hermosa rosa roja, se sintió feliz de saber que eran para ella, al fin y al cabo Alberto nunca le había regalado flores.

El timbre sonó.

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“DESTELLOS”

EL VIAJE.

Caminó despacio, muy despacio hasta que sus pies tocaron el punto de partida, el mismo lugar de donde se había ido hacía tantos años atrás. Ya no cargaba nada consigo, el viaje le había servido para deshacerse de todo. Por supuesto lo primero que hizo fue tocar la puerta deella. No estaba, salió de compras al mercado. Tampoco estaba su amigo, quien se encontraba haciendo ejercicios. La biblioteca exenta del lugar. Entonces pensó que había una cosa que era imposible que hubiera cambiado. Fue al centro del pueblo y donde solía estar la estatua de la Independencia y la Libertad, se encontraba un monumento enorme con su rostro de bronce viejo, polvoriento y olvidado.

Fin.

Escultura “Los viajeros”. Bruno Catalano.

HISTORIA DE AMOR.
El gato y el perro se pelearon, hasta que se borraron de encima el olor a enemigos. Ella recogió su perro herido, él se llevó su gato lastimado. A las cinco fueron juntos por un café al parque. Entonces un globo salió volando, un niño corrió tras él, tropezó con una señora que asustada dejó caer su bolso, un ladrón paso corriendo y viendo el bolso en el suelo lo recogió y se lo llevó, en la esquina intentado huir tropezó con un mensajero en bicicleta que por el impacto dejó caer al suelo toda su comida. Entonces el perro y el gato comieron juntos del mismo desastre en la calle. Ellos pensaron que no podían perder esta posibilidad de amarse.

Fin.

EL ESPEJO.

Daniel era un hombre normal, que vivía en una casa normal, en una calle normal, en un planeta normal. Entonces un día decidió cortarse el cabello. De repente dejó de ser normal y comenzó a llamar la atención de todo el mundo. Mientras tanto eso sucedía, el barbero que había cortado el cabello de Daniel comenzó a barrer la barbería y a pesar de levantar una inmensa loma de polvo y pelo, nadie protestó. Luego llegó a su casa después del trabajo y su esposa le dijo que se sentía descomunalmente sola, dio un portazo y se marchó. A la mañana siguiente cuando salió a buscar el periódico, se dio cuenta que vivía en una casa normal, en una calle normal, en un planeta normal, leyó el periódico y murió.

Fin.

PSICOLOGÍA A LA INVERSA.
La doctora le dijo que había que practicarle una intervención. El bebé no pondría de su parte para salir. Ella le contestó que le diera unos minutos para hablar con él. Le dijo: “No te atrevas a salir”, minutos después, daría a luz a su criatura sin problemas. Algunos años después, el bebé se convirtió en un niño intranquilo. La maestra le dijo a su madre que era necesario que estudiara un poco más o perdería el año. “No te atrevas a estudiar” le dijo. Al pasar el tiempo el bebé se convirtió en un hombre graduado de arquitectura en la Universidad. Entonces un día su jefe le dio la orden directa de construir un edificio indestructible. Miles de inocentes murieron.

Fin.

SPIDERMAN

Spiderman llegó a la Habana, un lunes, bien temprano. Al bajarse del avión en el aeropuerto, pensó seguir su camino rebotando de edificio en edificio, pero como no vio ninguno, no le quedó otra opción que seguir su camino andando. Por la calle la gente no lo miraba, ni siquiera los niños lo detuvieron para pedirle un autógrafo, así que se quitó su máscara y cogió un taxi en la Avenida Boyeros. El taxista le preguntó que por qué iba vestido así, que si de casualidad iba a una fiesta de disfraces. Spiderman le respondió que no, que él era el único, el increíble hombre araña. Entonces el taxista se detuvo y le dijo que era mejor que no lo involucrara en sus cosas. Ya para cuando se paró frente al Capitolio, no era otro que Peter Parker. Al rato, el crimen no se hizo esperar, pero el viejo Spider ya estaba convencido de que había otras cosas que podía hacer con su vida. Pasó de largo de lado de la infracción y se fue al malecón a aprender a tocar algún instrumento serio.

Fin.

Él ÁRBITRO.

Esa mañana nadie se molestó en agasajarlo, ni siquiera su madre o el vecino que vivía en la puerta de al lado hacía veinte años, se molestaron en llamarlo para felicitarlo. El partido comenzó y los dos equipos comenzaron a patear el balón como si en el triunfo estuviera la cúspide de todos sus sueños. El árbitro sintió hambre , no había desayunado. Los jugadores se disputaban la gloria como si la gloria fuera algo que pudieran tocar, manosear, poseer, domesticar. El árbitro corría rezagado y desganado pensado en las facturas que había dejado sobre la mesa. Los futbolistas comenzaron a tomarse las cosas personales , a pelear duro, a agredirse, a rayar en lo indomable. El árbitro sonó el silbato con menos deseo que un niño solitario en su cumpleaños. Era una falta, una falta espantosa, el jugador más valioso soltaba sangre por todos los orificios de su rostro. “No es para tanto, sigan jugando” , dijo el árbitro excéntrico, ante la atónita mirada de un millón de fans enojados.

Fin.

VENGANZA.

La mentira dobló la esquina con su cigarro en la mano y su minifalda corta, se le veían las piernas muy largas. Caminó con inusual gracia. Andaba desesperadamente buscando un novio. La mentira solo quería ser amada, casarse, tener muchos hijos y vivir una larga vida llena de paz, prosperidad y amor en familia. Por más coqueta que se vistió, por más sexi que actuó, nadie se fijó en ella. Ni siquiera, cuando le dio por dejar el vicio y vestirse decente pudo conseguir a alguien que la aceptara, ya tenía demasiada mala fama. Entonces la mentira se molestó y contó toda la verdad. Las personas dejaron de creer en Dios, se extinguió la Navidad. El divorcio aumento un 99%, los pacientes en los hospitales morían de desaliento. La historia se reescribió y muchos héroes, dejaron de serlo, muchos villanos fueron indultados, pero ya a estas alturas no les quedaba de otra que practicar el mal. Muchos amigos dejaron de serlo, muchas máscaras fueron juntadas y quemadas en hogueras, el planeta era una bola humeante. Aunque la mentira volvió a fumar y nunca encontró el amor, se sintió feliz de saber que todos estaban tan jodidos como ella.

Fin.

CLASES SOCIALES.

Toda tu vida has estado enamorada del vecino del frente. Todo el mundo una vez en la vida se ha enamorado del vecino del frente, o de al lado, realmente no importa. Lo ves cuando entra y cuando sale y su olor a perfume caro te excita hasta el tuétano. Son vecinos hace pocos años, pero para ti fue un amor a primera vista, genuino, auténtico. Darías veinticinco años de tu vida por pasar un segundo a su lado. Una vez, viste una mujer entrar a su apartamento, te dolió tanto, pero tanto, que estuviste ocho días en la cama con ganas de morir. Cuando volviste al trabajo, a la Estación de Policías, estabas ojerosa, enferma, deprimida, sabes que jamás serás capaz de amar a alguien como lo amas a él. Quieres tener fe, pensar que algún día llegarán ser más que vecinos, pero solo has hablado con él dos veces en tu patética vida, el día que equivocaron el correo y el día que lo viste arrastrar un cuerpo ensangrentado por el medio del pasillo. “El ascensor no funciona”, dijiste, como una tonta coqueta, a pesar de que sabes que sus clases sociales diferentes nunca les permitirán llegar a algo.

Fin.

Imágen Web.

TU RECUERDO.

El verdugo comenzó el proceso temprano, estaba fresco, recién ingresado al puesto y entusiasmado por comenzar su trabajo. Comenzó con una técnica clásica, vieja, simple , corrió las cortinas y apagó el sol para que no se cansara de esperarme. No me amarró, tampoco me amordazó, en la pared del frente puso un reloj. Donde estaba mi brújula interior plantó vientos de tormenta. Entonces el verdugo me puso una venda en los ojos y a pesar de que ojeé la revista ciento setenta veces, no pude leer ni un solo artículo que le diera un poco de sostén a mi decisión. En aquel momento el médico salió y mandó a pasar a su cita de las tres. Ahí sí me amordazaron, me amarraron y me anestesiaron, lo último que vi fue una foto de una madre con su bebé recién nacido en brazos. Cuando me desperté, el verdugo consiguió su plaza fija y tu recuerdo como utensilio infalible de tortura.

Fin.

FIN.

“Reflexiones de una piedra”

Soy, una roca, una roca inmensa. Antes, lo fui más, formé parte de una gran cantera. Estoy aquí, hace millones de años, como han de imaginar, he visto todo tipo de cosas en esta vida…cosas que hacen a una reflexionar. Los golpes me formaron, me desprendieron, me hicieron partes cóncavas y partes convexas, partes filosas y partes cómodas para que los demás, se apoyen en mí. Mi anhelo, era no conformarme con ser una piedra. ¡Cuándo vi nacer el mundo mi sueño fue crecer, volverme inmensa, quizás un valle, un cerro, un abismo, un despeñadero, o un planeta!. Pero luego el desgaste me fue convirtiendo en el resultado de la naturaleza que me rodea.Tuve la esperanza de convertirme en una herramienta, ser útil a los demás, brindar confianza, seguridad, contribuir a la evolución….pero los Neandertales pasaron de largo y no me vieron y no pude gritar, porque al fin y al cabo era una simple piedra. Con el tiempo quise convertirme en una laja, ser libre, disfrutar del agua corriendo por mis imperfecciones y mis durezas. Pero no recibí el pulido suficiente, me faltó valor para atravesar sin quejarme tan difícil proceso doloroso y liberador. Así que resignada esperé y vi a muchos árboles de fresno trasplantarse, talados de mi vera para convertirse en ruedas. El tiempo continuó pasando y llegué a ese momento en el que era demasiado pesada para que alguien cargara conmigo, y demasiado ligera para usarme como montaña. Entonces quise sentar cabeza, convertirme en un bloque, ser parte de una casa, o de una escuela, otra vez por un lapso de tiempo, creí que podía darle un rumbo a mi existencia. Ya no quería ser un valle, pero aún podía ser un puente, una empresa, una columna de sustento, un muro de protección y no fósil. Y aunque esta vez pude gritar, apagaron mi voz diciéndome: “¡Cumple con tu deber como pierda”! Entonces me trajeron aquí, a este lugar donde no me gusta estar, me moldearon de la más tosca, absurda y espantosa manera. Me dieron un destino que quizás a muchas les parezca honorable, pero yo nunca me en conformado con ser una pierda. Y tampoco quiero ser tumba, la tumba de un hombre de corazón de piedra. Mientras, me consuelo con saber, que yo lo aprisiono, como me aprisionó a mi durante su vida. Que estaré aquí por millones de años más y en el futuro veré, como todas estas tumbas, volveremos a ser libres piedras.

Fin.

“Ipso facto”

La pregunta era sencilla. Compleja era la cara del tipo, orificios de la nariz muy abiertos, mueca en los labios, ojos fuera de su órbita y esa vena que siempre suele traslucir en el rostro cuando estás haciendo algo con toda tu fuerza. La pregunta era tan sencilla que la respuesta apareció en mi mente casi al instante, y digo casi, porque aún me tomé un segundo para perderme en la dentadura deforme del tipo, y preguntarme como había sufrido, lo que parecía ser consecuencia de algún tipo de accidente. No respondí, porque por simple que fuera aquella o cualquier otra interrogante, sin importar la situación, yo siempre me tomaba el tiempo necesario para pensar antes de hablar. Me quedé mirando fijo su cara deforme y desconocida mientras que analizaba en mi mente aquella automática respuesta. La respuesta propiamente también era muy sencilla. Compleja era la manera de hacer que aquel tipo la entendiera, la procesara, la ejecutara sin hacerse daño. El análisis concluyó con una aceptación total a lo que por instinto había pensado mi cabeza. Habían pasado, no sé, 18 milésimas de segundo, entre en cierre del signo de interrogación desesperado y la orden definitiva de mi cerebro a mis labios de pronunciarla, cuando me di cuenta que un sabor a metal intenso inundaba mi paladar, luego degustaba una mezcla rara de una aleación de sangre y no podía articular sonido alguno. El tipo visiblemente alterado repitió su pregunta sencilla:

¿Te quieres casar conmigo?

Sí, asentí.

Entonces su mano no resistió más, y me caí al abismo, mientras me alejaba de su rostro, del carro, del humo, y de tantas otras cosas más en este mundo que no comprendí antes de morir.

FIN


Foto Flickr (Galería Sofja Litvinenko)

“Café con leche cósmico”.

Me encontraba viajando al pasado. Daba vueltas y era como si una mano gigantesca me hiciera cosquillas. Es como cuando te ríes, te ríes mucho, demasiado, pierdes la noción de todo a tu alrededor, cierras los ojos, las lágrimas de risa te nublan la vista, pequeños flashes y centellas atacan tus pupilas y cuando finalmente el colapso nervioso comienza a ceder, te encuentras en el año 2019.

Japón ganó la Séptima Guerra Mundial, un jueves, bien temprano. Después de muchos años negociando la paz, cuando la tuvieron en sus narices, no supieron que hacer con ella. El mundo era un desastre, patético y abrumador, los amolodianos eran gente decente, el resultado de una simbiosis más que menos deprimente, así como lo estoy demostrando, esos japorrusos hablaban rimando. Ufff, yo odiaba mucho que se me pegara su acento. Odiaba a Amolodia, la Capital del Mundo y odiaba a José, por haberse marchado. Lo conocí en los albores del 2467, yo era apenas una jovencita y estudiaba en la Academia Militar. Mi sueño siempre había sido ser escritora, conocía al dedillo las culturas extintas de poetas malditos y cantores, de novelistas y ensayistas, mi ídolo era Samuel Blanco, quien había ganado el último Premio Nobel de la historia, por su novela “Café con Leche Cósmico”, aquella fatídica noche de premiaciones cuando el mundo comenzó a arder justo por la Sala de Conciertos en Estocolmo. No sé si era la bomba en su cabeza lo que lo había hecho célebre ante mis ojos (eso decían mis compañeros de Academia), o si era su novela maravillosa que encontré un día en una antiquísima librería y que, para mayor cliché, intentamos comprar José y yo a la misma vez.

Ahí comenzó nuestra historia de amor, perdidos en las líneas de la Historia Antigüa, de cómo eran los hombres antes de la guerra, antes de la tecnología, antes del famoso discurso de Trump en la Isla Libertad, antes de que terminara su mundo y se formara el mío, antes, cuando eran felices y no lo sabían. El sueño de José (que se llamaba así porque su abuelo y el abuelo de este, eran tan soñadores cómo él) era vivir en el 2019, el año más glorioso que ha conoció el Planeta Tierra jamás. Estaba obsesionado con todos los sucesos desde abril hasta diciembre, y aunque era muy común que todos pudiéramos viajar al año que quisiéramos en el pasado, estaba estrictamente prohibido quedarse. La ley era extremadamente severa con esto, viajabas con tu agente de seguridad, no podías hacerlo hasta la mayoría de edad y debías pasar un curso bastante profundo que consistía en una serie de medidas para jamás alterar la línea temporal. Muchos de los que intentaron detener la guerra fueron ejecutados ahí mismo en algún lugar entre el 2020 y su vida actual y luego el instructor con las manos ensangrentadas todavía al estilo Azteca, lo traía a morir al presente para evitar errores futuros.

Pero José encontró la manera. José siempre encontraba la manera, pero no estaba dispuesto a arriesgar mi vida para probar su hipótesis. Así que sólo me dejó una nota, a la orilla de mi cámara, con una tostada de desayuno al estilo Truman Capote. Yo confiaba en él ciegamente pero no dejaba de reconocer que estaba loco, siempre lo estuvo, lo suficiente para bailar bajo la lluvia, aunque ya no hubiera. La nota decía claramente : “Reúnete conmigo a las 3 en el parque de la calle 7”.

Y así lo hice y ahora siento que una mano gigante me hace cosquillas y no me río por miedo. Sólo se que si el plan de José funciona, lo primero que haré será cambiarme este feo nombre amolodiano, y llamarme Lucía, como toda la que sacrifica su vida por sus ideales. Llegó la hora y aunque es irónico que venga del futuro y cononozca los maravillosos sucesos de ese año de memoria, el amor posee el arte, de volverlo todo incierto. Se abre la puerta, mi instructor está muerto en el suelo, 2019, quí voy.

CONTINUARÁ……

“Crucifixión”

Se detuvo al borde de piso diecisiete del alto edificio, miró hacia arriba y el cielo le pareció infinito, entonces miró hacia abajo y la vida le pareció tan finita como lo que dura un grito sordo en tocar el suelo. Su nombre era Manuel, y había planeado suicidarse por más de dos horas. Era feliz, mucho, tenía una hermosa relación con la mujer de su vida, tenía dos hijos hermosos, tenía un trabajo lleno de reconocimiento y logros, tenía un jefe que varias veces le había ofrecido su propia silla, tenía esa hermosísima casa en la colina, donde los árboles olían color azul marino, la vida era tan maravillosa, que no podía soportarla. Mientras todos bebían en el piso catorce, celebrando su ascenso adueño de la compañía, Manuel redactaba su nota de suicidio lo más clara y concisa que podía: “es culpa de todos – escribió- me han hecho demasiado feliz, y ya no resisto tanta alegría”. La colocó encima del cheche de un millón que había recibido por sus labores de filantropía, y presionó ambas cosas con el trofeo del campeonato de verano de Fútbol Ruby que había acabado de ganar. Subió por las escaleras, pues cada vez que lo hacía por el ascensor el viaje se le hacía eterno. Se topó con Fernando el editor de la revista semanal de su empresa, le propuso publicar su libro “El hombre que lleva la sangre de Dios”, Manuel se negó vagamente con la cabeza y siguió su camino. En el borde del piso dieciete la vista era tan asombrosa, tan idescriptible, tan milagrosa, que Manuel se sintió indeciso por un momento, tambaleó, dio un paso atrás, sonrió, pero entonces recordó que esa información que solo él poseía, heredada de su padre que lo torturaba a cada segundo. Y se lanzó, y en la caída fue subiendo, dando brazadas, pasó la biosfera, la atmósfera, precipitado velozmente cruzó el espacio y chocó muy duro contra el firmamento, donde flotó en silencio, mientras su padre lo regañaba por una vida tirada a la basura. Mientras tanto, en el suelo, sus familiares y amigos gritaban despavoridos ante su cuerpo atravesado y crucificado, por una cruz lumínica de la gran ciudad. No pudieron enterrarlo, un segundo después, el planeta explotó.

“El equilibrista en la luna”

Tiene dos pies y una vida
lo sabe el equilibrista,
tiene muy pocas heridas
tiene la cuerda a la vista.

Tiene lo que ha aprendido,
tiene lo que tendrá,
tiene un poeta dormido,
lo que fue y lo que será.

Tiene una madre, un consejo,
amigos que lo llevan lejos,
tiene una novia pecosa
que no sabe que es hermosa,
una ridícula sonrisa,
un salvavida en la cornisa,
tiene las orejas raras,
de tanto traducir su almohada.

Tiene la luna de frente y un espacio los separa, sabe que puede caerse, para arriba, gravemente, y romperse una costilla, contra todo lo que brilla.

Pero no hay malabarismo
que sufra igualitarismo,
el arte es la única cosa,
que al morir se vuelve hermosa.

Allá va el equilibrista,
punta al frente, brazos en pista,
respira con tanta calma, que hasta parece que vuela, va ligero de alma y la Luna se tambalea.

Los expertos vaticinan
que la esfera gris blanquecina,
se encuentra a mil años luz…..
Muy lejos en el mapa la cruz.

El equilibrista no piensa,
dócil se hace tormenta
luego se para de manos
y recuerda que aquí estamos,
nos mira como quien reta
y dice adiós a su planeta
un adiós que va sin llanto
mientras yo feliz te canto
muy lejos del gran suceso,
con la historia entre los huesos.

Justo al medio del camino,
un astro se hace inquilino
de la cuerda que se tersa,
amenazando la inercia
tiene una sola salida,
dejarse abrir la herida
y aunque duele inmensamente
el amor cambia tu mente,
preso de este delirio,
casi pierde el equilibrio.

Y es al final de su meta
ya lejos de este planeta
cuando comprende dos cosas,
vivir en la cuerda floja
no te llevará a la luna,
si como un árbol sin hojas,
sin raices ni fortuna,
mueres culpado en abril……a manos de Fuente Ovejuna.

Pongo mis pies en la cuna, y miro por la ventana, estar loco no es tan malo…si es un loco quien te ama

Pasa el tiempo y todo llega
y el equilibrista espera,
mientras Haley se le cruza
en su juventud difusa,
sabe que lo volverá a ver
cuando acabe de crecer,
cuando crezca su locura,
y el cuarto menguante…esté a oscuras.